Dicen que las Islas Fiyi son destino paradisiáco de relax, playa, sol y vacaciones. Aunque bueno, también dicen q
ue las cosas no son de una forma o de otra sino dependiendo de como las mires o te las tomes. Nosotros no es que hayamos mirado a Fiyi de una manera o de otra, es que literalmente nos hemos convertido en fiyianos, en esas islas paradisiacas, donde lejos del turisteo de hamacas, hemos afrontado más retos que los concursantes del programa de Paula Vázquez. Vuelvo morena (dentro de lo que soy yo), con unos cuantos cardenales, heridas, y secuelas varias pero que nadie se asuste porque estoy bien. Os suena eso de: “Me iría ahora mismo a una isla desierta”?...O lo de: “contigo hasta el fin del mundo”?...Y para rematar eso de: “Solo te falta un negro que te abanique”??...Bueno, pues con todo eso también vuelvo. Por supuesto como he dicho no fue tarea fácil, que el paraíso también tiene sus pequeños intríngulis y por si a alguien le sirve de consuelo ese “tal paraíso” no es tan paraíso como se vende...Pero vayamos por partes, o mejor por días para no liarnos.
Día Uno
Cosas del destino salimos el 8 del 8 del 2008, un total de 8 personas con destino Islas Fiyi. Tras varias horas de avión aterrizamos en Nadi, dentro de la isla principal de Fiyi. Bastaron 5 minutos en la ciudad para darnos cuenta que de paraíso nada. La gente vive en casas destrozadas, el tráfico es una completa anarquía, los niños van a la escuela en autobuses sin ventanas, mucha gente vive en las calles...Viven del turismo y de la exportación de azucar, y basta con decir que aunque un funcionario gana alrededor de 270 euros al mes, un trabajador normal sin cualificación gana la friolera de 90.
A pesar de estas cosas, la gente tira pa´alante con un carácter que es de admirar. Para empezar, totalmente integrados en la cultura del “Me estás estrando”. Allí existe lo que ellos mismos llaman “Fiyi time”, es decir, si te dicen que a las 8, son las 9, las 9,30 o las 10...Ante todo “no hay prisa”. Como os podréis imaginar yo en cuanto llegué m
De hecho, más de uno se quedó con las ganas de cruzar en canoa a la isla de enfrente para seguir con la fiesta, cuando allí ya solo quedábamos los cuatro españoles de turno. Todavía hoy, hay quien sigue diciendo que deberíamos habernos adaptado al medio y habernos acercado a la isla más próxima para chequear el ambiente. Evidentemente (o no), decidimos apurar lo q
Día 2
Y digo “debíamos” partir temprano porque no fue así. Como españoles, no es que nos adaptemos a la cultura del “fiyi time”, no, es que vamos más allá. El caso es que por unas cosas o por otras (la versión oficial es que se nos informó mal sobre la hora), acabamos perdiendo el barco grande que pasaba recogiendo a la gente. Tras recibir la noticia, aparcamos nuestra
Dan Vuti era el dueño del “resort” al que nos dirigíamos en las Yasawas. Las Yasawas, para situarnos, son las islas donde se rodó la mítica película de “El Lago Azul”. Para quien no lo sepa también decir que aquí llaman resort a cualquier cosa y después explicaré por qué. De camino a Las Yasawas los habíamos visto de todo tipo, de lo más barato hasta los 7.000 € / noche, donde solo van adinerados o algunos famosetes. De hecho el mismo conductor del barco nos dijo que poco antes había llevado a Charles de Inglaterr
Día Tres
Y es que al día siguiente, Dan se había comprometido a llevarnos a recorrer la playa de la isla. Pero antes, después de despertar con un cantar del gallo (que ojo!), y las campanas de la iglesia (que tela!), un buen desayuno preparado por Bill. Bueno, un buen desayuno y algo más porque cuál es nuestra sorpresa cuando lo ve
mos sacar una hoja, algo así como una pámpana gigante y empieza a abanicarnos para quitarnos las moscas!!. Lógicamente no pude evitar que me viniera a la mente, esa frase que tantas veces he oído de: solo te falta un negro que te abanique...Nos contó que normalmente esta práctica la lleva a cabo una mujer virgen mientras los hombres comen. Lo cierto es que él, cara de mujer virgen no tenía mucha, para que nos vamos a engañar... Al final tuvimos que decirle que se sentara y se dejara de tonterías, que en la España también tenemos muchas moscas y nos apañamos...De todas formas, el último día le regalé mi abanico para iniciarlo de alguna forma en una tecnología más avanzada que la pámpana.
Tras el desayuno, decidimos acercarnos a misa, que era en la caseta de tres metros enfrente de nuestra choza. A la misa aún le quedaba un rato, así que lo único que hicimos fue hablar con el cura, que casualmente era el más rico del poblado, el único con antena parabólica en su casa. Tras hacer los honores a la máxima institución de la iglesia fiyiana nos fuimos de ruta con Dan. En un hora recorrimos la mitad de la periferia, andando, para que os hagais una idea de lo grande que era esa isla. Digamos que yo la d
ivido en 3 zonas, la parte rica, la parte pobre (donde estábamos), y la parte de playas desiertas donde fuímos aquella mañana. Impresionante. Una playa enorme, vacía, con el agua increíblemente transparente, la arena clara, palmeras, y una cosa que me sorprende mucho. Aunque sea mar abierto, verdaderamente es como un lago. No hay olas ni cosas por el estilo. Todo, hasta el mar, está relajado y en paz. Ahora que lo pienso..., será por eso de que estábamos en el Oceáno “Pacífico”. Tras la vuelta comimos, y tras comer Dan nos llevó a hacer snorkel al lago azul. Cogimos el botecillo, con el run run del motor y nos fuímos al resort de los ricos a negociar el alquiler de unas gafas. Tras eso nos fuímos al mar/lago, y si antes dicen que cuidao con los corales que cortan, antes destrozo yo unos cuantos con los pies saltando desde la barca. Eso me sirvió para descubrir que si la barca volcaba, no íbamos a naufragar muchos metros más abajo. Y es que aquello era
como una piscina, sin olas y sin profundidad, pero con corales y más limpia...Aunque no era tan impresionante como la barrera, el lago azul también dio mucho de sí, pero claro, con el material de expedicion que llevábamos pues de más hicimos. Estoy segura de que toda la especie marina del lugar, y sobre todo las estrellas de mar pensaron al vernos marchar eso de “tanta gloria lleves como descanso dejas”. Paramos en el resort rico a por hielos y volvimos a nuestro pueblo. Y es que esa noche Bill nos había prometido cena y hoguera en la playa, así que como hombre que todo lo puede había preparado ya la mesa y cortado los troncos para la hoguera. Teníamos un trato. Nosotros poníamos el ron, y ellos el resto. Para empezar esa hoguera donde acabó acercándose todo el personal de las chozas del primer mundo. Para seguir esa radio si así se le puede llamar a ese par de cables sobre un plástico que aún no me explico yo ni como funcionaba. Por último, Bill
era la solución a todo tipo de contingencias que pudieran surgir, coooomo subirse a una palmera a por cocos porque se ha terminado la Coca Cola. No me digais que no es todo un lujo de hombre. Eso sí, le dijimos de saltar sobre la hoguera, que eso era muy “tipycal spanish” y seguro que mi abuelo lo hubiera hecho mejor, sin menospreciar la capacidad de mi abuelo que me dobla en muchas cosas. Claro, que para saltarla como yo, acabar pisando las brasas, caerte a la arena y que te pille una de las pocas olas que vienen, también hay que tener tino. Así, y con otros temas varios que no viene a cuento mencionar en este blog acabamos la noche.
Y es que al día siguiente, Dan se había comprometido a llevarnos a recorrer la playa de la isla. Pero antes, después de despertar con un cantar del gallo (que ojo!), y las campanas de la iglesia (que tela!), un buen desayuno preparado por Bill. Bueno, un buen desayuno y algo más porque cuál es nuestra sorpresa cuando lo ve
Tras el desayuno, decidimos acercarnos a misa, que era en la caseta de tres metros enfrente de nuestra choza. A la misa aún le quedaba un rato, así que lo único que hicimos fue hablar con el cura, que casualmente era el más rico del poblado, el único con antena parabólica en su casa. Tras hacer los honores a la máxima institución de la iglesia fiyiana nos fuimos de ruta con Dan. En un hora recorrimos la mitad de la periferia, andando, para que os hagais una idea de lo grande que era esa isla. Digamos que yo la d
Al resto de días ya les dedicaré otro rato que por hoy, creo que ya ha sido suficiente.
Continuará....
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