miércoles, 10 de septiembre de 2008

Próxima parada: Islas Fiyi (Parte 1)

Dicen que las Islas Fiyi son destino paradisiáco de relax, playa, sol y vacaciones. Aunque bueno, también dicen que las cosas no son de una forma o de otra sino dependiendo de como las mires o te las tomes. Nosotros no es que hayamos mirado a Fiyi de una manera o de otra, es que literalmente nos hemos convertido en fiyianos, en esas islas paradisiacas, donde lejos del turisteo de hamacas, hemos afrontado más retos que los concursantes del programa de Paula Vázquez. Vuelvo morena (dentro de lo que soy yo), con unos cuantos cardenales, heridas, y secuelas varias pero que nadie se asuste porque estoy bien. Os suena eso de: “Me iría ahora mismo a una isla desierta”?...O lo de: “contigo hasta el fin del mundo”?...Y para rematar eso de: “Solo te falta un negro que te abanique”??...Bueno, pues con todo eso también vuelvo. Por supuesto como he dicho no fue tarea fácil, que el paraíso también tiene sus pequeños intríngulis y por si a alguien le sirve de consuelo ese “tal paraíso” no es tan paraíso como se vende...Pero vayamos por partes, o mejor por días para no liarnos.



Día Uno

Cosas del destino salimos el 8 del 8 del 2008, un total de 8 personas con destino Islas Fiyi. Tras varias horas de avión aterrizamos en Nadi, dentro de la isla principal de Fiyi. Bastaron 5 minutos en la ciudad para darnos cuenta que de paraíso nada. La gente vive en casas destrozadas, el tráfico es una completa anarquía, los niños van a la escuela en autobuses sin ventanas, mucha gente vive en las calles...Viven del turismo y de la exportación de azucar, y basta con decir que aunque un funcionario gana alrededor de 270 euros al mes, un trabajador normal sin cualificación gana la friolera de 90.

A pesar de estas cosas, la gente tira pa´alante con un carácter que es de admirar. Para empezar, totalmente integrados en la cultura del “Me estás estrando”. Allí existe lo que ellos mismos llaman “Fiyi time”, es decir, si te dicen que a las 8, son las 9, las 9,30 o las 10...Ante todo “no hay prisa”. Como os podréis imaginar yo en cuanto llegué me quité el reloj y no tuve problemas para integrarme con este tema, más que nada por la cuenta que nos tenía. El caso es que llegamos, del aeropuerto al puerto y del puerto al water taxi que nos llevaría a la primera isla prevista. Tras dar unos 4 o 5 golpecillos a los botes circundantes, iniciamos la marcha. Fue difícil decidir el destino pues las Islas Fiyi se componen de alrededor de 320 islas (solo con un tercio habitadas) más otras 520 islas menores desiertas, es decir, unas 840 en total. Tras duros análisis, la elegida finalmente había sido Beachcomber, una isla de no más de 1 km. de ancho, con un resort que ya ocupaba toda la isla....En este caso eran como casitas de una planta en medio de todo ese vegetal tras el que aparecían unas playas increíbles con el agua transparante, transparente. Verdaderamente increíble pero dedicada a turistas, así que como tales nos bañamos, bebimos, comimos...Dicen que es la isla con más fiesta de Fiyi pero ya os digo yo que no es para tanto.

De hecho, más de uno se quedó con las ganas de cruzar en canoa a la isla de enfrente para seguir con la fiesta, cuando allí ya solo quedábamos los cuatro españoles de turno. Todavía hoy, hay quien sigue diciendo que deberíamos habernos adaptado al medio y habernos acercado a la isla más próxima para chequear el ambiente. Evidentemente (o no), decidimos apurar lo que quedaba en la nuestra y descansar después (tras escuchar varios sinsentidos parecidos), para el día siguiente que debíamos partir temprano a otra isla.



Día 2



Y digo “debíamos” partir temprano porque no fue así. Como españoles, no es que nos adaptemos a la cultura del “fiyi time”, no, es que vamos más allá. El caso es que por unas cosas o por otras (la versión oficial es que se nos informó mal sobre la hora), acabamos perdiendo el barco grande que pasaba recogiendo a la gente. Tras recibir la noticia, aparcamos nuestras maletas en la arena, y entonces llegó el momento de llevar a cabo una dura negociación Fiyi-España. Si la discusión empezó a las 9:30, a las 10:30 habíamos conseguido despertar al jefe de la isla, el único jefe blanquito que apareció con una toalla a la cintura y un maletín para analizar la situación. A las 11:30 habíamos conseguido que nos ofreciera alojamiento gratis, a las 11:45 ya nos ofrecía también la comida sin coste. A las 12 yo me había rendido, aunque reconozco que Juanjo y Dani tienen unos artes en la negociación inigualables. Advierto que me estoy curtiendo mucho en el tema del regateo y de “el que no llora no mama”, así que nadie se me asuste a la vuelta. El caso es que no conformes con el trato, a las 12:30 habíamos conseguido un bote privado para nosotros que en 4 horas nos llevaría a nuestro siguiente destino. Y es que no podíamos quedarnos allí sabiendo que en las otras islas nos esperaba Dan Vuti y su familia, y por lo que os cuento ahora entenderéis que a Dan no podíamos fallarle.

Dan Vuti era el dueño del “resort” al que nos dirigíamos en las Yasawas. Las Yasawas, para situarnos, son las islas donde se rodó la mítica película de “El Lago Azul”. Para quien no lo sepa también decir que aquí llaman resort a cualquier cosa y después explicaré por qué. De camino a Las Yasawas los habíamos visto de todo tipo, de lo más barato hasta los 7.000 € / noche, donde solo van adinerados o algunos famosetes. De hecho el mismo conductor del barco nos dijo que poco antes había llevado a Charles de Inglaterra y su Camila. Evidentemente no íbamos a quedarnos en ninguno de estos sitios porque nosotros no tenemos ese nivel (monetario, que no social). Además ya teníamos trato con Dan que nos esperaba en un “resort” mucho más para lo que somos nosotros. Problema: tras surcar los mares en nuestro bote y haber pasado ya por lo menos 230 islas, resulta que dicen los conductores que nos habíamos perdido¡¡. Y párate tú allí a preguntar en el hotel de Charles o algo!...Total que sacamos la Lonely Planet con ese sofisticado mapa, haciendo cábalas, el bote apunto de encallar con los corales, los fiyianos a voces con los habitantes de las islas para intentar ubicarnos...Gracias a la Lonely Planet (que esto no hay quien se lo crea), y más gracias a Dios, finalmente vemos a un señor haciendo señas, nos acercamos a la costa y allí estaba, el gran Dan!. Nos recibió como el que te conoce y lleva un siglo sin verte. Que estaba preocupadísimo porque no llegábamos. Bajamos y allí estaba él con toda la familia: Bill hijo, Lina la prima, otra prima y un amigo del que nunca pude aprenderme el nombre. El “resort” eran 4 chozas, la suya y las 3 nuestras. Tras cinco minutos allí adivinamos ya que eso iba a ser una experiencia sin precedentes. Un lugar con todo tipo de lujos...Nada de luz, no,no,no,...solo candiles. Los pisos de los baños todos de arena, pero de arena de la buena...La ducha y el grifo de una ingeniería extrasofisticada diseñada por Dan y alimentados con agua de lluvia. Estos y todo tipo de otros extras que después de volver no hubiera cambiado nunca por el resort de los 7.000 € (el nuestro salía por 35). Y es que el servicio personalizado que tuvimos no se paga con nada. Tras acabar de acomodar los trastos en nuestras chocillas a pie de mar fuimos al “salón” donde nos esperaba la cena. Y allí estaba el gran Bill, nuestro cocinero, chofer, asistente, abanicador, pescador...un hombretón como Dios manda. Bill era capaz de todo. Para recibirnos aquella noche Bill nos había preparado una buena cena, que a pesar de lo que pueda parecer estaba buenísima,...un plato combinado con varias cosas y que nos dejó más que satisfechos, hecho que se repitió igualmente durante el resto de días. Y mientras Bill y la prima nos repartían la comida, Dan ya estaba sentado a la mesa con nosotros contándonos sus historias. Para empezar me rebautizó. Yo desde entonces ya era “Rudi” y que nadie me pregunte por qué (Rudi pa acá, Rudi pa allá, Rudi ten cuidao...). Entre otras cosas nos contó lo preocupados que estaban todos en un principio al ver que no llegábamos, y es que faltó poco para darse cuenta de que éramos su única fuente de recursos para aquellos días. De ahí que nos estuvieran esperando con los brazos abiertos. Tras la cena, nos ofrecieron la bebida típica fiyiana: el “kava”, y no el cava con el que brindamos en Navidad, sino otro bastante diferente. Tomar “kava” en Fiyi forma parte de un rito que llevan a cabo en celebraciones o simplente en días normales con los amiguetes, de esos días tontos en los que no se tiene nada que hacer. Y como íbamos a estar allí y no íbamos a probarlo?. Pues nada, nos sentamos en el suelo todos alrededor de Dan y Bill que tenían un cuenco/perol con agua. Sobre el cuenco un pañuelo y sobre el pañuelo unos polvos que proceden de secar las raíces del árbol de la pimienta (ahí es poco!). El caso es que lían el pañuelo con los polvos dentro, se mete en el agua y se empieza a escurrir para que el agua coja el sabor a la raíz. De pronto aquello se empezó a teñir de marrón como si fuera barro, y a pesar de lo poquísimo apetecible que quedó la receta, como íbamos avisados, probamos el kava. Había que hacerlo uno a uno y mientras el resto daba tres palmadas a la vez que decía “Bula”, que en principio es Hola hasta que te das cuenta que lo usan para cualquier cosa. Dicen que el kava lo que tiene es un efecto relajante, pero desde luego que con los relajados que íbamos ya, aquello nos hizo poco efecto. Con respecto al sabor, yo hubiera dicho que estaba bebiendo cal de la que usa mi abuela para enjalbelgar las paredes...que seguí bebiendo más por el momento que por el resultado. Y es que tras varias horas allí ya estábamos como en casa, tanto que Dan sacó sus fotos para hablarnos de su vida. Entre muchas cosas, nos contó que de joven había estado trabajando para Colombian Pictures cuando se grabó el “Lago Azul” a la vuelta de su casa. De hecho debe salir como extra en algún punto de la película además de haber sido el taxista con su bote de Brooke Shields, la prota de la movie...Con historias así se nos pasó el rato, y el kava y nos tuvimos que ir a dormir.



Día Tres

Y es que al día siguiente, Dan se había comprometido a llevarnos a recorrer la playa de la isla. Pero antes, después de despertar con un cantar del gallo (que ojo!), y las campanas de la iglesia (que tela!), un buen desayuno preparado por Bill. Bueno, un buen desayuno y algo más porque cuál es nuestra sorpresa cuando lo vemos sacar una hoja, algo así como una pámpana gigante y empieza a abanicarnos para quitarnos las moscas!!. Lógicamente no pude evitar que me viniera a la mente, esa frase que tantas veces he oído de: solo te falta un negro que te abanique...Nos contó que normalmente esta práctica la lleva a cabo una mujer virgen mientras los hombres comen. Lo cierto es que él, cara de mujer virgen no tenía mucha, para que nos vamos a engañar... Al final tuvimos que decirle que se sentara y se dejara de tonterías, que en la España también tenemos muchas moscas y nos apañamos...De todas formas, el último día le regalé mi abanico para iniciarlo de alguna forma en una tecnología más avanzada que la pámpana.
Tras el desayuno, decidimos acercarnos a misa, que era en la caseta de tres metros enfrente de nuestra choza. A la misa aún le quedaba un rato, así que lo único que hicimos fue hablar con el cura, que casualmente era el más rico del poblado, el único con antena parabólica en su casa. Tras hacer los honores a la máxima institución de la iglesia fiyiana nos fuimos de ruta con Dan. En un hora recorrimos la mitad de la periferia, andando, para que os hagais una idea de lo grande que era esa isla. Digamos que yo la divido en 3 zonas, la parte rica, la parte pobre (donde estábamos), y la parte de playas desiertas donde fuímos aquella mañana. Impresionante. Una playa enorme, vacía, con el agua increíblemente transparente, la arena clara, palmeras, y una cosa que me sorprende mucho. Aunque sea mar abierto, verdaderamente es como un lago. No hay olas ni cosas por el estilo. Todo, hasta el mar, está relajado y en paz. Ahora que lo pienso..., será por eso de que estábamos en el Oceáno “Pacífico”. Tras la vuelta comimos, y tras comer Dan nos llevó a hacer snorkel al lago azul. Cogimos el botecillo, con el run run del motor y nos fuímos al resort de los ricos a negociar el alquiler de unas gafas. Tras eso nos fuímos al mar/lago, y si antes dicen que cuidao con los corales que cortan, antes destrozo yo unos cuantos con los pies saltando desde la barca. Eso me sirvió para descubrir que si la barca volcaba, no íbamos a naufragar muchos metros más abajo. Y es que aquello era como una piscina, sin olas y sin profundidad, pero con corales y más limpia...Aunque no era tan impresionante como la barrera, el lago azul también dio mucho de sí, pero claro, con el material de expedicion que llevábamos pues de más hicimos. Estoy segura de que toda la especie marina del lugar, y sobre todo las estrellas de mar pensaron al vernos marchar eso de “tanta gloria lleves como descanso dejas”. Paramos en el resort rico a por hielos y volvimos a nuestro pueblo. Y es que esa noche Bill nos había prometido cena y hoguera en la playa, así que como hombre que todo lo puede había preparado ya la mesa y cortado los troncos para la hoguera. Teníamos un trato. Nosotros poníamos el ron, y ellos el resto. Para empezar esa hoguera donde acabó acercándose todo el personal de las chozas del primer mundo. Para seguir esa radio si así se le puede llamar a ese par de cables sobre un plástico que aún no me explico yo ni como funcionaba. Por último, Bill era la solución a todo tipo de contingencias que pudieran surgir, coooomo subirse a una palmera a por cocos porque se ha terminado la Coca Cola. No me digais que no es todo un lujo de hombre. Eso sí, le dijimos de saltar sobre la hoguera, que eso era muy “tipycal spanish” y seguro que mi abuelo lo hubiera hecho mejor, sin menospreciar la capacidad de mi abuelo que me dobla en muchas cosas. Claro, que para saltarla como yo, acabar pisando las brasas, caerte a la arena y que te pille una de las pocas olas que vienen, también hay que tener tino. Así, y con otros temas varios que no viene a cuento mencionar en este blog acabamos la noche.


Al resto de días ya les dedicaré otro rato que por hoy, creo que ya ha sido suficiente.

Continuará....

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