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La visita al desierto australiano era otra aventura de esas que dicen que si estás aquí no puedes dejar pasar. Lo de aventura no lo digo por decir...Y es que tras aterrizar en Alice Springs, justo en medio de Australia, o sí, justo en medio de la nada, cogimos una caravana y a partir de ahí eso era todo lo que teníamos. Para empezar, comida y agua y alpiste (como dice Juan) para prevenirnos ante cualquier imprevisto que pudiera surgir en el camino. Una vez todo listo, nos dispusimos para desplazarnos al pueblo más cercano, Ayers Rock, a unos 500 Km. Sí, he dicho bien, el pueblo más cercano. Estábamos en medio de la nada, y lo único que podía encontrarse cada 100 km o así era una gasolinera donde el agua y la gasolina se cotizaban a precio de oro...Tras un primer día sin dar respiro al volante llegamos a Ayers Rock para ver lo que realmente íbamos buscando, uno de los iconos australianos, de esas cosas que más expectación crean sobre este país: el Uluru. El Uluru, según la Wikipedia a la que me estoy aficionando al más puro estilo Mikel, es uno de
los mayores monolitos del mundo, con más de 348 metros de alto, 9 kilómet
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ros de contorno y 2,5 kilómetros bajo tierra. En otras palabras, es un pedrusco muuuy grande en medio del desierto. Y ante tanta expectación generada (más que la boda de Belén Estéban) alrededor del pedrusco, echaríamos 3.300 fotos entre todos (al final era un poco como el Uluru Estéban). Hacia arriba, hacia abajo, la típica foto de lo estoy cogiendo, la típica de lo piso, etc...Todo esto al anochecer y también al amanecer. Nos habían dicho que había que verlo en ambas ocasiones por la luz. En principio esto parece fácil peeero el caso es que al anochecer llegamos ya demasiado anochecido, y lueeego al amanecer, para empezar, calcula tú cuando va a amanecer y cuando tienes que levantarte. Tras las acusaciones de fundamentalismo y varios trastos
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volando por la caravana por tener que madrugar tanto, llegamos allí, 300 personas más y todo nublado. Dos horas después, de los 300 quedábamos nosotros 7, aún esperando al sol y desayunando esas tostadas de Nutella (que no Nocilla porque Luis me mata si las confundo). Al final seguimos con la expedición hasta acabar metiéndonos en el último agujero del pedrusco. Para rematar, la entrevista de un chileno que estaba haciendo un programa sobre Australia (para Chile). Así que ahí hemos de salir con nuestra gracia y salero.
Después seguimos con el tour. Y es que la solución final de nuestra aventura fue copiar el tour que ofrecía una agencia por el triple de dinero. Según estos, a los que solo nos faltaba enganchar la caravana, el siguiente pu
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nto más importante eran Las Olgas. Las Olgas, que vetetuasaberporqué ese nombre, eran más o menos lo mismo. Piedras enormes unidas unas con otras, creo que 36 o así, la más alta de 520 metros. Llegamos allí y había varios caminillos a elegir entre uno u otro según lo que quisieras profundizar en el lugar. Bien, había uno de 20 minutos, otro de 1 hora, y otro de 3 horas (5 km.). Pero cooomo íbamos a hacer el de 20 minutos??. Por supuesto que no, somos tan valientes que decidimos hacer el de 3 horas, con 5 Km. sí, pero de subir y bajar entre piedras y chinas que todavía me estoy arrancando de los pies. Eso significa que hubo quien tardó 2 horas y hubo quien tardó 4... A mí colocarme en el grupo que mejor veáis. Lo cierto es que mereció la pena, y lo bueno d
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e hacer el camino más largo es que no había absolutamente nadie que nos molestara. Eso sí, la cuarta hora yo ya la subí arrastra y maldiciendo al creador de esa ruta que por lo menos no dejaba de impresionarme.
Y al tercer día resucitó, con la sangre y las llagas del camino pero con fuerzas para ir al Kings Canyon. No sé como explicaros que es el Kings Canyon pero ver las fotos. La palabra lo dice, un Canyon, de nuevo piedras muy altas y con formas muy peculiares, donde ibas andando y de pronto te encontrabas al borde de una pendiente de 300 m. o cosas así. De nuevo, podías elegir entre rutas de 30 minutos o rutas de 4 horas (7 Km.), y ya que estábamos allí aaala, la de 4 horas que fueron casi 6, andando entre cantos, bajo un sol intempestivo que nos dejó como to
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mates secos. Al principio de la ruta advertía claramente que era dura y que era necesario beber un litro de agua por hora cada persona (1x7personasx6h=42l). Bien, pues nosotros llevamos 3 litros para 7 personas para 6 horas. (=3l). Hooombre pues ni una cosa ni la otra, y menos mal que nos dio por llevarnos cuatro manzanas que si no nos quedamos allí en el Canyon de por vida...Al igual que el resto de pedruscos de los otros días, este era un lugar sagrado para los aborígenes pero eso es algo tan abstracto para nosotros que acabamos subiéndonos por todo y otra vez destrozando la calma y la paz del lugar. Pero claro, que te digan que un lugar con el nombre d
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e “Mala Puta” exacto es un sitio sagrado, pues difícilmente puedes tomártelo en serio. La mejor forma de destrozar la paz del lugar fue descubrir lo del eco, y además del verdadero. Sí, ese que tras decir una palabra y terminar volvía a repetirse entera. Eso nos tuvo entretenidos un buen rato. Y tan discretos...Solo decir que parte del grupo se perdió del resto y de pronto se pararon a preguntar a otra gente que si nos habían visto. La respuesta fue: Sí, pero vamos, mucho antes que verlos los hemos oído. ¿?. Faltó de fondo esa voz popular que tanto hemos oído aquí: Ah, es que son españoles...
La verdad que aparte de nosotros, el lugar era un poco de película, estando entre Indiana Jones y el Rey León, con partes perdidas en medio de la nada, de arena de playa a arena roja, de precipicios de 300 metros hasta llanuras con todo seco...Y nada que sí, que a pesar de los pies heridos, las ampollas, rozaduras, la desidratación, etc. mereció la pena.
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El resto del día íbamos viajando o estábamos parados en nuestra caravana-casa. Cuando digo eso no quiero decir que nos convirtiéramos en hippies, salvo el último día que tiramos la toalla cuando conducir esquivando camellos, bichos raros y canguros se estaba convirtiendo en algo parecido a un juego de la play station. Especialmente a los canguros, que los pobres parece que solo tienen hasta octavo de EGB obligatorio y se plantaban en medio hasta que evidentemente a alguno que otro tuvimos que darle de baja. El último día, que era como estár en el último level donde ya es casi imposible pasarte pantalla, los chicos deliberaron parar en medio de la nada. Fue entonces cuando nos convertimos en verdaderos hippies, quiero decir sin ducharnos, sin pagar camping, todo salvajes en medio de la flora y fauna del desierto.
Después para dormir venía el momento de “arma la caravana” que venia preparada al más estilo de la furgoneta-barbie o de la gachetofur
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goneta porque armarla era un reto y porque de cada rincón salía algo nuevo. Y ala, a dormir, no sin antes mirar un rato las estrellas que allí en medio de la nada parecían más grandes y luminosas. Nada que ver con lo luminosos que íbamos nosotros ya a esas horas.
Y así pasamos los días, alejados de la civilización, de la cobertura en el móvil, de la televisión, los semáforos de Sydney, los chinos de la city...básicamente lo que yo llamo pararse la vida un instante para descansar un rato.
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