martes, 24 de febrero de 2009

Próxima parada: Nueva Zelanda


Creo que no me quemo mucho si aseguro que Nueva Zelanda es un lugar obligado para visitar. Lo es de cualquier modo, pero mucho más si estás en Australia, además de por sus paisajes vírgenes y desiertos, por ser uno de los países más cercanos a la Antártida, escenario de ese Señor de los Anillos y otras tantas cosas míticas...el fin del mundo para cualquiera de nosotros…Así, en pocas palabras, el auténtico quinto pino... Ya lo dijo un tal Mark Twain en su libro Viaje alrededor del mundo: "El vulgo imagina que Nueva Zelanda se halla en la vecindad de Australia, o bien del continente asiático, y que se puede acceder a la isla cruzando un puente. No es así. No está cerca de ningún sitio, sino que se yergue, independiente y aislada, en medio de las aguas. Australia es el país más próximo, pero "próximo" no significa colindante". (Esto lo he sacado de la wikipedia, no os vayais a creer que leo tanto :)
Y así, en las mismísimas Antípodas de España, Nueva Zelanda emerge con una triple P de Perfección, de Paraíso y de Paz....de paraíso, de perfección, de paz, de pazzz..........HASTA QUE LLEGAMOS NOSOTROS.


Aterrizamos en Christchurch, aunque solo para hacer escala y acabar horas más tarde en Queenstown, un pueblecito situado entre los alpes neozelandeses. Allí recogimos nuestra caravana, Affordable (para nosotros Affi), la que iba a ser nuestra casa en los siguientes diez días de nuestras vidas. Habitando la casa y la carretera, María, Angela, Luis, yo y varios UFO´s, además de alguna que otra inesperada visita, sin contar a Sara, Massiel, una invasión de mosquitos y unos 3.000 megapíxeles. Lo de viajar/vivir/sobrevivir en una caravana tiene lo suyo y a la vez une lo suyo. Entre unas cosas y otras, tal vez fueron 37 crisis (ajenas a nuestros actos) las que superamos en aquellos días, por supuesto todas ellas con final más que feliz...Y es que en el fondo "somos tipos con suerte", sí, sí.. :). Eso, o que Dios existe.

El caso es que con Affi planeamos atravesarnos toda la isla sur de Nueva Zelanda, parando en los puntos clave pero siempre a nuestro aire...en fin, digamos que al aire del conductor de turno. Por suerte no había pérdida y es que literalmente Nueva Zelanda debe tener por lo menos por lo menos, una carretera principal. Esto que suena así de gracioso implicaba digamos, por ejemplo, que para ir desde Campo de Criptana hasta Madrid (159 Km./1:30H) hubiera que pasar por Valencia (630Km/7H). Y como no quiero quedar de exagerada, veamos aquí el mapa de NZ. La carretera principal es la amarilla. La carretera azul es la que recorrimos, en realidad toda la carretera amarilla de la costa oeste y como se ve, sin otra opción. Veáse por ejemplo la cercanía entre el punto A y B, y veáse por ejemplo la pequeña vuelta que tuvimos que dar para llegar de uno a otro. Una vez en B se debía ir a C,...eso síii, pasando antes por A de nuevo!!. Y por favor que ningún listo plantee que por qué no empezamos en B (en B no hay aeropuerto!). Veamos también por ejemplo, lo fácil que fue llegar desde el punto E hasta el D!! En fin, que planear la ruta se convirtió un verdadero sudoku.



Lo bueno de todo esto es que no había pérdida, no había señales, no había apenas tráfico, solo inmensos campos, ovejas, ciervos, lagos impecables, montañas, llanuras, árboles, preduscos, paaaaaz.... No hay que olvidar que Nueva Zelanda tiene 4 millones de habitantes, y si no recuerdo mal 60 millones de ovejas.


Con este panorama de vías, no había prisa posible para ningún tipo de desplazamiento. Más sobre todo si hablamos de cuatro españoles, para más inri, con varios litros de horchata en la sangre per person. A menudo era difícil conducir más de 20 minutos seguidos sin tener que parar, para echar fotos, para ir al baño, para echar gasolina, por alguna crisis, por accidente con peligro de destrucción masiva en el interior de la caravana, por avería de Affi, por animal sepultado, etc, etc, etcc!!! Eso sí, fuésemos donde fuésemos jamás hubiésemos aceptado el que nos hubiesen llamado gansos por inútiles, por españoles vale, por inútiles nunca!. El resultado de todo esto fue que no cumplimos para nada con los tiempos, aunque sí religiosamente con una ruta en la que no dejamos títere con cabeza. Cuatro puntos imprescindibles y sobre 128 más que nos sacamos de la manga. Pero vayamos por partes.

Llego el ansiado viernes. Acabamos la jornada laboral, los 377 pf´s del día, las 22 incidencias y a correprisas para empezar, nos tiramos a por un taxi desde la puerta de la oficina. Trayecto al aeropuerto una vez más inolvidable. Y es que viajar en taxi en Sydney, especialmente un viernes en hora punta cuando vas a perder un vuelo, puede ser la mejor terapia para cualquier tipo de problema, capaz de hacer olvidarlo todo…Sin duda, la mejor terapia antiestrés, que más de una vez echaré de menos.



Pero vayamos a lo que vamos, a ver si no me pierdo a pesar de que Massiel me robara mi chuleta, que sabe Dios si no acabó absorbiendo el vino de cualquier copa.
Creo que me quedé por Queenstown y ya tenía que haber terminado, pero bueno…Tras ver el pueblecillo cogimos la carretera hacia el punto A, Los Fiordos. Concretamente el fiordo Milford Sound. Dicen que este es el sitio más famoso de Nueva Zelanda para los turistas, además de haber sido catalogado como la octava maravilla del mundo por un tal Rudyard kipling, que también, vetetuasaber…La cuestión es que fuimos, paseamos a través de ellos, de ese enorme río entre montañas que atravesamos en un mini-barco. A los lados focas, pingüinos, rocas con metales, cascadas, picos de nieve…y al final el mar abierto. La verdad es que un paisaje im-prezionante, con esos pequeños detalles que no se ven a diario...Ciertamente no sé si la octava, pero ciertamente una maravilla.



Nos despedimos de los fiordos y reanudamos la marcha. Tras parar en un lago que ni pintado sale mejor, solo para nosotros, y esperar a que nuestro hombre chapoteara un poco, seguimos hasta el sitio donde se nos antojó pasar la noche,..concretamente sí, donde nos dio la gana. Allí estuvimos apunto, vamos, de hecho nos emocionamos cuando vimos al famoso “kiwi”, neozelandés. (Y no me refiero María y Angela, al que Luis y yo prometimos haber visto..sorry pero era todo una trola como una casa :D). En verdad habíamos visto al kiwi persona (los neozelandeses entre ellos, y solo entre ellos porque si no se mosquean, se llaman kiwis) y habíamos visto al kiwi fruta (a ese que hasta en el mismo mercadona de nuestros pueblos lo habíamos visto), y con todo ello, aún teníamos el reto de encontrar al famoso y verdadero kiwi, el kiwi animal. Un pajarito sin alas con el pico muuuuy largo que al parecer solo anda por este país. Digamos que el kiwi es en Nueza Zelanda, lo que el canguro a Australia, lo que el toro a España, o lo que el demonio a Tasmania (http://es.wikipedia.org/wiki/Apteryx). Referencia obligada y emoción entendible que fue bonita mientras duró, transcurrió y terminó cuando averiguamos que se trataba de una gallina común. Varias conclusiones más sinsentido salieron a relucir aquella noche, hasta que se apagaron las luces de Affi.



Amaneció temprano al día siguiente….por supuesto no para nosotros.
El objetivo (fallido), era este día el de alcanzar el Mount Cook, no sin antes no hacer escala en los lagos Pukaki y Tekapo, cuyos rarísimos nombres proceden del idioma de los maoríes, antiguos nativos de Nueva Zelanda. Primero Pukaki, con un azul increíblemente azul, y con más nubes sobre el agua que sobre el cielo. Después Tekapo, con sus flores, con su iglesia, con su pueblo.. Era ya casi de noche, así que nos fuimos a buscar un sitio donde dormir. Difícil cosa cuando todo está lleno de carteles de “prohibido hacer caravaning”. Difícil cosa no para nosotros. Nos alejamos del pueblo para no levantar sospechas hasta una explanada cercana. Se trataba del sitio perfecto hasta que al día siguiente subimos a un observatorio, donde lo que mejor se veía desde allí era nuestra parcela de aparcamiento. Fue entonces cuando decidimos abandonar el pueblo sin dar muchas más vueltas para no levantar sospechas, quiero decir más sospechas... Affi presentaba ya indicios de cansancio al subir hasta el monte del observatorio, que quedaron patentes cuando decidió pararse en plena bajada terminando de destrozar mi poca credibilidad como conductora (menos mal que el señor mecánico finalmente atribuyó OTRAS causas al incidente). Consecuencia inmediata: Objetivo de pasar desapercibidos frustrado. Tuvimos que volver al poblado para buscar un taller. Mala suerte??, nosotros?? Otra cosa no, pero mala suerte tampoco.. De hecho a las dos horas, mientras pasamos la siesta en unos sillones frente al lago (no me cansaré de decir que este país es perfecto) teníamos allí una affi nueva, más grande, más hermosa, con orden!!. Otra affi a la que pronto volvimos a cogerle el mismo cariño, pues al fin y al cabo también era ya como de la familia. Y es que después de todo, con el paso de los días habíamos ido cogiendo el tranquillo a nuestra vivienda, a los pitos de emergencia, a las aguas grises, a equilibrar la caravana de acuerdo al desagüe de la ducha, la prueba de la pelota…temas en definitiva que tienen una larga explicación y qué más vale que deje a un lado.

Tras llevar a cabo la mudanza con affi2, reiniciamos por octava vez el camino hacia el Mount Cook. El Mount Cook es la montaña más alta de Nueva Zelanda, pico de los Alpes Neozelandeses, una cadena montañosa que recorre toda la costa occidental de la Isla Sur de Nueva Zelanda. Famoso para escaladores, y para personas preparadas, nunca para amateurs como nosotros que de más hicimos. Llegamos tarde, pero con tiempo para dar un paseo entre las montañas, con el arco iris en medio, y con el pico del Mount Cook por descifrar entre varios otros picos, y además tras las nubes que lo tapaban. Me quedé sin palabras, y no por la impresión. Tuvimos que hablar bajito porque según alguien que no voy a nombrar, podíamos a provocar un alud!!! :D. Así que así, escuchando el sonido de los bloques caer de nieve, que caer lo que se dice caer caían, volvimos a preparar la cena y a tomar el fresco entre manta y vino bajo las estrellas que se ven desde el sur. Una vez más la paz. Y una vez desciframos la cruz del sur, nos fuimos a dormir tranquilos.
Al día siguiente también amaneció pronto, y esta vez también para nosotros, gracias al amable señor que nos despertó para pedirnos tarifa por el caravaning…Pero por Dios!!! Es necesario despertar así a esas horas?? En fin…Tras comprobar que seguíamos vivos y que ni el susto, si ningún alud nos había arrastrado hasta la Antártida, iniciamos la verdadera escalada hacia las cercanías del Mount Cook. Una vez más, nos ganamos la admiración de la gente…y es que digamos que subir lo que subimos, con ese sol de justicia, con nuestras zapatillejas que de montaña cero, con un litro de agua para todos y con poco más en la mochila, tiene su mérito. Mereció la pena el sufrir, y de metros no entiendo, y a la cima evidentemente no llegamos, pero oye, subir, subimos, y así a ojo yo aseguraría que muuuucho. Si bien volvimos en dos tandas/grupos, que por respeto no voy a definir, volvimos todos vivos. Y allí, al pie del Mount Cook nos re-hidratamos en una terraza con sombrilla y junto al monumento de Sir Edmund, el neozelandés que además de coronar el Mount Cook, fue el primer montañero que en su día alcanzó la cima de Everest.


Nos despedimos después del Mount Cook, para partir hacia el siguiente gran spot: El glaciar Franz Josef., que con 12 Km. de largo, junto al glaciar Fox, es uno de los más famosos a los que se puede acceder normalmente. Llegó un punto complicado para nosotros, un reto que por primera vez iba a ponernos realmente a prueba. Este reto fue el de incorporarnos a un grupo, con su guía, con sus instrucciones, con una marcha que seguir. Así que empezamos, mal, empezamos mal, sobre todo por todo ese tipo de prisas, por supuesto desde nuestro punto de vista innecesarias. La cuestión es que tuvimos que acoplarnos… y una vez en marcha, nos dimos cuenta de nuevo, de que éramos los mejor preparados. Porque esta vez sí que no nos iba a faltar de nada: Agua para hartar, no como en el Mount Cook, un taper de pollo empanado, por lo que pudiera pasar, y por último, que nadie me pregunte por qué (yo nunca descubrí quien de todos había caído en el detalle), un rollo de papel higiénico..qué más necesitábamos?. Nada, pues eso, el traje y las botas de camprones que nos dieron para pisar sobre el hielo. De la mano de Brett (no comment Angie;)), empezamos a subir el glaciar. Sencillamente impresionante. Además ibamos emocionados porque éramos los primeros del grupo…Que puestos a contarlo todo, éramos los primeros del grupo 3, que había 4 y que en el cuarto iban auténticos lastres…Pero es igual!!, la cuestión es que nosotros éramos los primeros, y que de primera mano cruzamos parte del glaciar, que bien es verdad, se trata de algo que no se hace a diario. Aunque ya lo estudiamos en 4º de EGB, he tenido que enterarme de nuevo y buscar por qué los glaciares siguen ahí años y años sin derretirse. Y ya que lo tengo aquí, voy a pegarlo por si alguien más se lo pregunta: “El glaciar es una gruesa masa de hielo que se origina en la superficie terrestre por compactación y recristalización de la nieve, mostrando evidencias de flujo en el pasado o en la actualidad. Su existencia es posible cuando la precipitación anual de nieve supera la evaporada en verano, por lo cual la mayoría de ellos se encuentra en zonas cercanas a los polos, aunque también existen en otras zonas montañosas”. Qué cosas oye…
Volvimos pronto a tierra y nada más hacerlo empezó a llover. Fue un momento de dura discusión en el que debíamos decidirnos entre ir al glaciar Fox, y entre echarnos las siesta. Una discusión que duró por lo menos por lo menos 2 minutos. Mereció la pena el debate…Dios mío que siesssta nos echamos en nuestra caravana al pie del glaciar con la lluvia empañando los cristales de affi. Una siesta sin duda memorable, y una estampa que solo los que estuvimos allí tuvimos la suerte de poder contemplar.;-)

Tras despertar y visitar otra zona cercana, volvimos a nuestro aparcamiento de aquella noche, un sitio discreto oye, delante de una casa y enfrente de la carretera…la sensación más cercana que he tenido nunca a la de estar durmiendo bajo un puente. Pero qué más daba ya…nuestra casa era nuestra casa, la poníamos donde queríamos y punto.

Al día siguiente partimos hacia el parque nacional “Abel Tasman”, y para variar el trayecto fue más largo de lo esperado, entre otras cosas por lo poquito que paramos. Que si los pancakes de no se qué, que si la playa de no se donde, que si “para que veamos la ovejas de pelo”, que si vamos a ver los ciervos de cerca, que si… hasta una mina de oro vimos!!. Así que claro, llegamos de noche a un pueblo donde si hablamos con 5 personas, 4 estaban locas de atar. Es por ello que tras interactuar lo mínimo decidimos volver a “casa”, preparar una cena buena, con nuestro vino, el ipod de la dj, escribir alguno incluso hasta dos postales, discutir de temas importantes, decidir el orden del cuarto…la rutina de cada noche y poco más,…que tras todo ello, dimos por terminado el día.

Amaneció cuando amaneció la mañana siguiente y nos dirigimos entonces hacia Abel Tasman. No sin antes hacer nuestro desayuno diario de leche, galletas, tostadas, cereales, frutas, queso, zumos, etc, etc. ligero al máximo para superar las diversas dificultades que pudieran surgir a lo largo del día…Llegamos al punto de partida y allí nos esperaba ya el water taxi que tirado por un trastorcete nos soltaría en la costa para seguir el camino, todo con el chaleco salvavidas puesto desde un principio por si teníamos un accidente ya por la carretera…Una vez en el agua, la barca empezó a acelerar, calculo yo que a unos 300 por hora…qué barvaridad.. Me dio tiempo no obstante a descubrir que aquello no era un parque natural, y que más bien, se trataba de un mini-Fiyi. Una mezcla de playas e islas increíbles bajo un sol deslumbrante, que por supuesto solo salió con nuestra llegada, fruto de esa “nuestra inmensa suerte” (que síii, que no eran cosas mías!). Hicimos paradillas, vimos las focas, el paisaje que realmente no tenía mucho que envidiar al de otras playas paradisiacas. Todo esto tan cerca de Los Glaciares donde habíamos estado hacía nada. Nos quitamos las botas de camprones y nos remangamos los pantalones para echarnos la siesta ahora en una de esas costas con los pies en remojo. Después iniciamos un paseo hasta el sitio donde debíamos coger el taxi de vuelta. Había tiempo de sobra, así que fuimos con calma. Rodeamos toda la costa entretenidos con el concurso del singer star y esa imbatible Ángela. Paramos en alguna playa conforme a nuestro antojo, y después seguimos andando, subiendo y bajando a través de la isla sin prisa pero sin pausa….sin pausa hasta que la vimos, ahí estaba, la playa más bonita del mundo, que se presentaba ante nuestros ojos en medio del agua, desierta y por Dioss, como nos ibamos a quedar sin acercanos!!. Pero en qué hora señor mío, en qué hora se nos ocurrió cruzar aquellas marismas de arenas movedizas con aquellos pedruscos.. Ni con esa vara de cachuli la cosa se hizo fácil, pero había que llegar y llegamos, unos antes que otros pero llegamos. Como naúfragos, ante los ojos extraños de los cuatro que había en aquel lugar aterrizamos sobre la impoluta arena. Otro rato para la paz, secar la ropa dañada, curar las heridas de los pies, posar para 300 fotos en un escenario que más hubiese querido pillar la Pataky, comernos nuestros bocatas de salchichón (que más hubiese querido pillar también la Pataky) y continuar con la marcha…Y es que de nuevo el tiempo iba por delante y era difícil pillarlo. 45 minutos para un track de hora y media, con lo cuál cortando el viento llegamos con minutos y sobre todo con pulsaciones de sobra…Volvimos a “casa”, echamos unos bailes mientras preparamos la merienda y merendamos tomando el fresco al atardecer, tostadas de nutella y otras siete u ocho cosas de postre. Después nos fuimos a buscar parcela, la prueba de la pelota y a preparar la cena.
Otro día liquidado y cada vez más cerca del fin… :(
Entonces amaneció por última vez desde nuestra caravana affi. El plan para este día debía ser conducir hasta Picton para entregar la casa. Pero hombre, hacía un día maravilloso que no podíamos tirar por la borda. Entonces nos acercamos a un pueblo cercano con playa, donde se celebraba un festival navideño a 40º sobre cero. Mientas María del Monte e Isabel Pantoja se daban un baño, “Víctor y Ángela” cuidaban el ato. Tras hacer un picnic buffet por todo lo alto, descubrimos de nuevo que habíamos consumido más tiempo del conveniente. La foto del desembarco de Nombradía está censurada, porque solo los que estábamos allí sabemos como hicimos la mudanza desde la caravana al barco.

Una vez en el barco, nos despedimos con gran pena de la isla sur donde tantos ratosparaelrecuerdo habíamos pasado, con destino hacia la isla norte, en Wellington. Allí por supuesto llegamos tarde, pero evidentemente, no había excusas como para irse así sin ver la ciudad. Decidimos entonces cenar tranquilamente, en las mismas Antípodas de España, casualmente más cerca que nunca, entre tapas a lo español, y con el Barca-Madrid de fondo. Tras ello nos fuimos de turimo, así, tal cuál, a las 12 de la noche con una actitud guiri más digna de las 12 de la mañana que de las 12 de la noche. Nos resistíamos a terminar un viaje que tenía las horas contadas…Tan contadas como que a las 12 estabamos de turimo, a las 4 nos levantábamos, a las 6 cogímos un vuelo y a las 9 estábamos en Sydney, sentadicos frente al ordenador como si nada hubiera pasado. Eso sí, no puedo negar que aquel día tuvimos que contenernos las ganas de vez en cuando, para no irnos todos juntos al baño…Y no por nada, simplemente porque era el sitio más estrecho que se nos ocurría de pronto..Y es que resultó extraño resistir las primeras horas sin tenernos pegados en un radio inferior a dos metros cuadrados.

Hoy en día desgraciadamente nos separan muchos más metros, pero aquí dejo el testimonio para no olvidar este pedazo de viaje, que repetiría mañana mismo y por supuesto, con el siempre mi equipo NZ.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ay Cruz que casi se me escapa una lagrimilla leyendo este post. Que currado, por cierto. Creo que nadie podría haberlo contado con mas gracia.. Qué guay fue NZ con vosotros y q dífícil será superar ese viaje..pero en ello estamos!

Por cierto, yo ya sabía que ni tú ni Luis habíais visto un kiwi, por si lo dudabas!!!

Angela dijo...

Cruuuuuuuuuuuuzz!!!

que bonito! no nos habías avisado de que ya lo habías colgado! te ha quedado genial el informe del viaje eh? estoy llorando de la risa jajaja Ya no me acordaba de la prueba de la pelota! :D

De lo único que me arrepiento de ese viaje es de haberlo hecho tan pronto, porque ahora todos los comparo y no es lo mismo :(

Muchas gracias por escribirlo trastorná. Que viva Brett, Affi y el equipo NZ!!